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La candela se apago
VIRGINIA LOPEZ BELLO  - 02/03/2010 15:25:19
 

Se llamaba Candela, era una chica inteligente, de belleza inusitada. Como nadie, ella sabía lo que era sentirse embriagada, borracha, sedienta de experiencias; su ansia por devorar la vida, le llevaba a buscar sus deseos donde fuera, sabía que el mundo le ofrecía grandes cosas, bellísimos momentos, felices situaciones y no estaba dispuesta a perdérselos. Su carrera como joven abogada de un prestigioso bufete era prometedora, había trabajado muy duro para conseguir lo que tenía y no estaba dispuesta a que nada, ni nadie se lo arrebatara.

Durante una hermosa velada ofrecida por los marqueses de Sotoviejo en los verdes jardines de su palacete balear, Candela probó los deliciosos vapores de un selecto wiski de Malta reserva 18 anos, aquel dorado líquido, se introducía en su cuerpo de forma proporcional a su extraversión. Contó extravagantes anécdotas de la universidad, rió, escuchó con interés los relatos de los demás invitados, fue sin duda, el alma de la fiesta, todos querían estar junto a ella, sin dudarlo, aquel vaso de licor le había hecho sentirse bien, por lo que había hecho sentir muy bien a los demás.

Un día, el más hermoso hombre que nadie pudiera imaginar, le invitó a salir, ella tomó 2 o 3 copas de un delicioso champagne francés y estuvo encantadora, se sintió pletórica, segura de si misma, seductora, atractiva, inteligente, perspicaz, joven, bella; sin duda aquel brebaje tenía algo mágico, tenía algo que le transformaba en sus ser invencible, un alma libre y poderosa que podría conseguir todo lo que se propusiera.

Fue aquel día, cuando se dio cuenta donde debía buscar su futuro, debía mirar a menudo en el fondo de un vaso, el le diría que pasos debería seguir, desde luego; la vida no le podía ir mejor, iba todo sobre ruedas.

Quería mirar dentro del vaso a menudo, no fuera que se le pasaran las indicaciones por inconstancia. Sacó de la vitrina las soberbias copas de su cristalería de bohemia, extendió un mantel de finísimo lino blanco, encendió velas blancas sin perfume para no perturbar la cata, engalanó con flores su luminoso y senorial salón de corte modernista, decorado con cristal ácido, metales cromados, y terciopelos marrón chocolate , invitó a los más guapos y atractivos conocidos de su entorno, amigos de la universidad, del trabajo, de su infancia, se puso su vestido favorito y bebió, en buena companía, hasta el amanecer un delicioso vino tinto de la ribera del Duero, hasta el punto de que al día siguiente no recordaba si el fondo de la copa le había hablado.

Lo que empezó como una forma de beber esporádica para desinhibirse socialmente, fue rápidamente convirtiéndose en frecuente, pero por más que su boca, nariz y ojos inclinaban el vaso para verter el líquido dentro de su garganta, y dejar despejado el fondo del cristal, allí no encontraba nada, tan sólo, decepción y fracaso. Pensaba que por algún motivo que ella desconocía, un día inclinaría el vaso y encontraría en el fondo la receta para alcanzar sus deseos, sus metas, su anhelos, hasta ahora le había ido de maravilla. No cejaba en el empeno, todos los días buscaba la escusa para inclinar el vaso, al que ella, sin saberlo, había convertido en oráculo, un talismán que no dominada. Por más que tragaba el líquido espirituoso, para llegar a ver ese culo de vaso lleno de claves con las que seguir la ginkana de la vida, la impenitente lucha no daba frutos.

Pero el viejo sistema empezó a tener fallas a la segunda copa empezaba a ver mal , iba perdiendo el entendimiento, se movía de forma torpe; Candela pensaba que era por eso por lo que no lograba entender lo que el fondo de la copa desde hacía tanto tiempo le estaba intentando decir. Siguió intentándolo de forma compulsiva, no podía parar, le obsesionaba ¿porqué de repente, no entendía nada?, ¿porqué sólo veía un vaso tristemente vacío, un tosco pedazo de cristal?, y sobre todo, lo más importante, ¿porqué no lograba recordar que era lo que estaba buscando, en el fondo del vaso?.

Aquello le preocupaba, le enfurecía, le hacía sentir mal, lo que provocaba que siguiera bebiendo. ¿Donde habían ido sus suenos?, ¿donde estaba su innata alegría y optimismo?, ¿que había sido de todas aquellas cosas bellas que la vida, un día, no hace mucho le ofreció?,

Cuando Candela ya había perdido toda esperanza de encontrar algo de luz en el fondo de una copa, un día, ocurrió el milagro.

Levantó por última vez la copa y miró en el fondo, no daba crédito, tanto tiempo esperando y por fin el día de la revelación había llegado.
- ¡Era eso!, ¡era eso!....
No paraba de repetir; como había estado tan ciega, por fin el frío cristal hablaba, le explicaba, le asesoraba, le hacía recordar cual fue su horizonte algún día, que camino debía haber tomado; que tortuosa espera, que infelicidad inmerecida, que desilusión.

Cuando aún tenía el brazo en alto sujetando la copa contra sus secos labios, miró a través del grueso cristal, vio una anciana, ajada, seca, enjuta, con mirada triste, cara de haber sufrido en la vida terribles desgracias, parecía un cadáver manipulado, torpemente y sin destreza, por unos hilos invisibles; su tez era extremadamente blanca se podía adivinar que hacía anos que aquella vieja no salía de casa, era como una perra apaleada, acobardada e indefensa, con mirada perdida y lacrimales enrojecidos. Candela no pudo soportarlo y quiso dejar de mirar en el fondo del vaso, no entendía porque le mostraba aquel lamentable ser, por lo que lentamente entresacó el vaso de sus dientes y los despegó de sus labios, fue flexionando el codo para dejarlo en la mesa que estaba a su lado, levantó la mirada y vio frente a sí, un espejo, en él estaba la pobre anciana, en ese momento se dio cuenta, se trataba de su reflejo, no se reconocía, no había ni sombra de la Candela que alguna vez existió, miró a su alrededor y no había nadie, ningún apuesto hombre a su lado, ningún amigo, ningún familiar querido, ni, por supuesto, nada de los lujos que algún día le habían rodeado. Estaban sólo ella y su arrugado cuerpo, sentada en un sillón de orejas, miró sus pies, donde antes veía unos bonitos zapatos, ahora encontraba unas mugrientas zapatillas de felpa marrón………., miró el periódico y espantada comprobó que en el encabezado ponía 16-02-2010, cumplía 65 anos y no la habían querido, no había querido, no había vivido. Su obsesión por mirar dentro del vaso le había hecho no dedicar tiempo más que a eso, su vida durante 40 largos anos había girado en torno al alcohol, y no se había dado cuenta que la vida le había atropellado, le había pasado por encima, y ella, ni siquiera se había acercado a pasar por la vida.

Virginia López Bello
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ABISMO
VIRGINIA LOPEZ BELLO  - 02/03/2010 15:20:53
 
Aquel jueves Candela se citó con Mauro para desearle buena suerte en su nueva andadura. Le ofrecían la jefatura del departamento de contenidos de una televisión privada.

Estos dos anos en Madrid habían sido fantásticos, los primeros meses desde que Mauro llegó de Milán, fueron amigos inseparables, pero poco a poco se fueron distanciando y ya no se veían como de costumbre. Los dos sabían muy bien porque.

La cita con Mauro se programó en un bonito local de La carrera de San Jerónimo, estilo Irlandés, con las paredes de madera y plafones antiguos, de amarillenta luz en sus paredes.

Candela llegó como de costumbre, la primera. Se pidió una pinta rubia de una cerveza muy suave, aquella noche estaba dispuesta a tomarse sólo un par, no quería que el alcohol le nublara el entendimiento, quería recordar todo con pelos y senales, sentía mucho que su vida hubiera divergido de la de su querido amigo Mauro. Sabía que en los últimos meses, su relación no había vuelto a ser la misma, y quizás por eso mismo estaba dispuesta a no beber más de la cuenta. No quería perder más, ni un minuto de su companía.

Habían pasado sólo 5 minutos y ya había consumido más de media pinta, enseguida le buscó explicación, lo achacaba a los nervios, estaba expectante y tensa por eso no era capaz de beber más despacio.

Un minuto más tarde se la había terminado. Se pediría su segunda y última, el camarero tardaba en atenderla iba de aquí para allá sin prestarle atención, Candela no podía parar de seguir con la mirada al empleado en su recorrido, pero no obtenía resultado, el hombre cargaba con una bandeja repleta de vasos de forma apresurada. No podía quitarle ojo, pero de repente notó la presión de una mano sobre su hombro se giró y allí estaba Mauro, tan guapo y apuesto como siempre, Candela se levantó de su silla y se abrazaron con nostalgia, cerraron los ojos apretando sus mejillas con ahínco, suspiraban con fuerza, sabían que hacía tiempo que no se encontraban tan cerca y estaban disfrutando de la calidez de ese contacto. Los ojos de Candela asomaban por encima del hombro de Mauro los abrió y vio pasar al camarero por delante de sus narices, estiró el cuello y en un momento pudo pronunciar las palabras que desde hacía varios minutos no se le quitaban de la cabeza;

-Por favor, un doble de cerveza,…. Mauro, ¿tu que quieres tomar?...

Serio, miró al camarero y le dijo, una tónica.

Un silencio invadió sus espacios vitales, la situación se tornó, de repente, incómoda, se separaron torpemente y cada uno se sentó en una silla.

-¿Estas bien?

Pregunto Mauro.

A Candela no le dio tiempo a contestar, enseguida llegó el camarero con las consumiciones e interrumpió la posible respuesta. Cogió el gigante vaso y lo acercó rápidamente a sus labios, sorbió e injirió casi la mitad del contenido.

Mauro pidió un par de hamburguesas, Candela le dijo que no tenía hambre que no quería cenar, pero él insistió.

Ella rezaba para que al camarero se le hubiera olvidado y no trajeran nada de comer, pero no fue así.

Quería aliviar su ánimo con aquella rica cerveza, se pidió otra y después otra y luego otra más,…pensó que si sólo bebía cerveza no se emborracharía y podría no perderse ni un instante de esa velada.

Mientras comían, Mauro hablaba y hablaba, le contaba con entusiasmo sus planes laborales, o algo así, ya que Candela se dio cuenta de que no estaba escuchando que solo oía el amarillo y espumoso líquido deslizarse por su garganta, pero no podía beber más, la hamburguesa había llenado todo el espacio de su estómago y por ello era incapaz de seguir tragando ningún tipo de líquido. Se disculpó con él y se fue al bano.

Entró en uno de los retretes y se cerró con pestillo, oyó como entraba alguien en el de al lado; ¡que fastidio!, pensó. Se inclinó en forma de “T” y mientras, con una mano tiraba de la cadena, para evitar delatores ruidos, metía la otra mano en lo más profundo de su garganta hasta provocarse el vómito, logró deshacerse de la inoportuna hamburguesa. Se lavó bien la cara y las manos, se arregló y salió a reunirse con Mauro. Ya estaba lista para continuar.

Durante el camino del bano a la mesa había decidido que por una copa no le iba a pasar nada, que nadie se emborracha con una sola copa de whiski, como mucho se pondría contenta como le solía pasar hace anos.

El combinado le entró como el agua y seguía en sus cabales, no se encontraba mareada ni desorientada, se sentía poderosa, fuerte, triunfadora. Fue el momento en el que decidió tomar las riendas de la conversación.

Interrumpió a Mauro; daba igual ni siquiera estaba prestando atención a lo que el decía, y le dijo;

Tómate una copa conmigo, ¿como eres capaz de dejar que beba sola?. Yo solo quiero tener una vida normal, tomarme de vez en cuando unas copas con amigos.

Mauro no pudo más y estalló:

¿Normal? …, ¿una vida normal?. Candela te voy a decir algo, y va a ser lo último que te diga:

Te emborrachas, por lo menos tres veces en semana, cuando empiezas a beber no puedes parar, te despiertas después de una borrachera y no recuerdas nada, ni siquiera el día que te caíste por las escaleras y tuvieron que darte 6 puntos en la cabeza, cualquier amigo que te increpa por tu manera de beber, de inmediato deja de serlo. Vas en busca de placeres rápidos y pasajeros, bebes y te tiras al primero que se te cruzas, haces cosas que nunca harías sobria, y lo peor es que ni siquiera ya te resulta agradable nada de lo que haces, ¿y a eso tú le llamas una vida normal?.

Candela: necesitas ayuda, y yo ya no puedo hacer nada por ti.
El la miró fijamente, decepcionado, hastiado, triste, resignado a perder su amistad y le dijo:

-Te sonará duro y despiadado pero me alegra que este sea el último día que nos vamos a ver. Hasta siempre.

Candela agachó la mirada, y rompió a llorar y sollozar mientras continuó bebiendo.

Vriginia López Bello
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